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LAS OVEJAS LE TEMEN AL LOBO, PERO ES EL PASTOR QUIEN SE LAS COME

Cuba no es una amenaza, el bloqueo sí

hace 3 días
7 min de lectura

Entrevista a Leonardo Baster Paz, representante de la Embajada de Cuba en Argentina


Por Laura Bitto



Leonardo Baster Paz, Representante de la Embajada de Cuba en Argentina detalla las consecuencias del bloqueo económico, comercial y financiero que impone Estados Unidos a Cuba. Ciento treinta países manifestaron su rechazo al bloqueo en la última asamblea de las Naciones Unidas. La comunidad internacional alzó su voz contra el genocidio.


-¿Cuál fue el resultado para Cuba en la última Asamblea de las Naciones Unidas?


-Por ocasión número treinta y cuatro, la mayoría de la comunidad internacional volvió a respaldar la resolución cubana que pide poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero que impone el gobierno de los Estados Unidos a Cuba en un contexto en el que han profundizado la asfixia económica y la política de máxima presión. A pesar de las presiones descaradas y desfachatadas de la actual administración de Estados Unidos, a partir de acciones directas de la Secretaría de Estado, de funcionarios de esa secretaría, de sus embajadas en las capitales de todos los países, y del accionar irrespetuoso y totalmente ajeno a la práctica diplomática desplegado por la misión permanente de Estados Unidos ante Naciones Unidas, que llegó a incluir llamadas personales a funcionarios y embajadores para que votaran en contra a nuestra resolución. Ciento treinta países volvieron a respaldar la postura de Cuba, que no es otra que la del respeto al derecho internacional, al derecho que tiene Cuba a comerciar libremente con todos los países del mundo. Y también vuelve la comunidad internacional a alzar su voz contra un acto que se configura como un acto de genocidio, que es en esencia lo que busca el bloqueo impuesto por Estados Unidos a Cuba.


-¿En qué situación se encuentra Cuba a causa del bloqueo por parte de Estados Unidos?


-La situación en el país hoy es muy compleja por el desgaste de más de sesenta años de bloqueo, que cada vez es mayor. La política de asfixia económica o de máxima presión, como la llama el gobierno de los Estados Unidos, se ha ido perfeccionando. A los efectos del bloqueo se suman la injustificada inclusión de Cuba en la lista de estados patrocinadores del terrorismo que tiene un impacto en el sistema financiero. En el informe presentado en la Asamblea General de las Naciones Unidas, que recoge las cifras entre marzo del 2025 y el cierre de febrero de 2026, está reflejado que, en ese período de tiempo, treinta y cuatro bancos se negaron a brindar servicios financieros a Cuba y más cruel aún es el bloqueo petrolero. A partir de la orden ejecutiva del presidente Donald Trump del 29 de enero de este año, que ha agudizado dramáticamente las condiciones de vida en el país, donde prácticamente no hay una esfera de la vida social, de la vida cotidiana y de la vida económica del país que no se vea afectada.


-¿Cuánto petróleo necesita Cuba para funcionar con normalidad y cuánto ha recibido?


-Desde mediados de diciembre del 2025 Cuba solo ha recibido un buque de combustible gracias a la Federación Rusa. Para funcionar en condiciones normales el país, en diez meses y medio, hubiera necesitado algo más de ochenta buques, y solo ha tenido acceso a uno. Esto, lógicamente, trastoca completamente el funcionamiento, la vida de las familias, la economía.  Es lo que explica los apagones, la escasez de transporte, los problemas con el abasto y el suministro de agua a la población, porque sin electricidad no se puede bombear agua, por lo menos con la regularidad con que se hace normalmente. Cuando la prensa corporativa titula, de manera rimbombante, lo que ocurre en Cuba lo que no menciona es la causa de esta situación, que no es la ineficiencia de nuestro gobierno o la irresponsabilidad por no contratar el combustible que el país necesita, sino la imposibilidad de hacerlo por la amenaza de la administración Trump a terceros países, a empresas, a navieras, a instituciones financieras, por la persecución al sector electroenergético de Cuba.


-A este escenario se suma la amenaza constante de una posible agresión militar ¿cómo responder a eso?


-Estados Unidos ha desatado otro conjunto de sanciones, que ahora llaman secundarias, como parte de esta política de asfixia y máxima presión, y, efectivamente, añade un elemento mucho más peligroso que es la amenaza constante de una posible agresión militar a Cuba. El propio presidente Trump hace pocos días volvió a referirse a la posibilidad de que al regreso de Irán algún barco se detenga en Cuba. Lo dice con una irresponsabilidad enorme, como si no fuera un país donde viven un poco más de nueve millones de personas. Además, sin justificación alguna, porque nadie puede creer lo que afirma, precisamente, esa orden ejecutiva de Trump del 29 de enero, cuando dice que Cuba representa una amenaza inusual o extraordinaria para la seguridad nacional de los Estados Unidos, que es una potencia armamentística, militar, nuclear, de manera que en ningún escenario imaginable, o por lo menos, habría que hacer, decimos nosotros, malabarismo intelectual para justificar cómo un pequeño país como Cuba, con una economía subdesarrollada, con una población muchísimo menor que la población norteamericana, con una capacidad militar ínfima, que no posee armas nucleares, podría significar una amenaza extraordinaria o inusual para el gobierno de los Estados Unidos. Es una amenaza que nos tomamos muy seriamente.


-¿Cuáles son las diferencias que existen, en la coyuntura geopolítica actual, respecto a etapas anteriores del bloqueo?


-El bloqueo ha tenido diferentes etapas. Desde las primeras medidas a los años iniciales de la década del ´60, cuando se declara, efectivamente, el bloqueo. Se trata, como dijo Fidel, de una guerra económica, comercial y financiera. El bloqueo se codificó como tal con las leyes Torricelli, en 1992 y Helms-Burton, en 1996. Son esenciales para entender por qué, por ejemplo, un presidente de los Estados Unidos no puede levantar el bloqueo, sino que tiene que hacerlo el Congreso y en ellas se establece que no se puede hacer negocios con Cuba, que no podemos comprar nada en el mundo que contenga entre sus componentes un diez por ciento producido en Estados Unidos, se establece que un buque que toque puerto cubano no puede tocar puerto norteamericano en un período de 180 días, entre otros puntos. Ahora, sin lugar a dudas, estamos en un escenario internacional y regional muy complejo. Y el declarado interés de la administración Trump y de su secretario de estado, Marco Rubio, por retomar la caduca y casi olvidada doctrina Monroe, revela abiertamente que hay intenciones de repartir el mundo. Controlando, en primer lugar, lo que siempre para Estados Unidos ha sido su patio trasero, que es América Latina. De ahí la vuelta a “América para los para los americanos”. Obvian, por supuesto, también, la historia recorrida de los pueblos, los procesos trágicos que se han vivido en este continente, con las pasadas dictaduras militares, todas apoyadas, precisamente, por el gobierno de los Estados Unidos, que dejó huellas muy profundas en este continente, Argentina es un ejemplo de eso, precisamente. Y, además, es evidente que Estados Unidos, en ese modelo que quieren imponer de repartición del mundo, la única vía que parece conocer, en particular esta administración, es la del uso de la fuerza. Y, precisamente, por eso es que nosotros consideramos que no puede ser duradero, ni sostenible en el tiempo ese orden internacional que pretende imponer la administración Trump.


-¿Cómo defendemos a Cuba y lo que Cuba representa?


-Nosotros somos muy conscientes de que las carencias que padecemos como pueblo, de que toda esta política de bloqueo, de asfixia económica, de máxima presión contra Cuba tiene su origen, primero, en una obsesión histórica que antecede al triunfo de la revolución cubana de Estados Unidos por controlar Cuba. Y, luego, por un hecho fundamental, que fue, como dijera Fidel, la herejía de haber hecho una revolución socialista a noventa millas del imperio. Y creo que es fundamental dar una batalla cultural. Hay que comunicar las consecuencias del bloqueo: de marzo del 2025 a febrero del 2028, las pérdidas para una economía pequeña como Cuba superaron los ocho mil millones de dólares. El bloqueo ha producido el índice de mortalidad infantil de cuatro por cada mil nacidos vivos, uno de los menores del continente y del mundo, hoy se ha duplicado, nueve coma nueve fallecidos por cada mil nacidos vivos. Hoy nuestra campaña de vacunación de los recién nacidos, se encuentra desfasada. Más de sesenta mil embarazadas ven afectado el ciclo normal de las ecografías que se realizan. Tenemos casi cien mil pacientes en lista de espera por una intervención quirúrgica, de los cuales cerca de doce mil son niños. En un escenario en el que puede fallar la electricidad en cualquier hospital y en cualquier quirófano, todos esos pacientes están esperando por este bloqueo petróleo que se le impone a Cuba.


-Pese a todo “navega Cuba en su mapa”


-Nunca hemos claudicado en nuestros principios. La política exterior de la revolución cubana debería ser patrimonio de toda la humanidad, por la defensa, precisamente, de esos principios, invariables en el tiempo, independientemente de los gobiernos que se sucedan en los países. Un ejemplo de esa política exterior invariable es nuestra posición respecto a la defensa por la legítima soberanía del pueblo argentino sobre las islas Malvinas, Sándwich del Sur, Georgiás del Sur y los espacios marítimos correspondientes. Cuba no solo apoya el reclamo del pueblo argentino, sino que también muchas veces ha sido país copatrocinador de la resolución que se presenta en el comité de descolonización de la ONU. Ese es un principio invariable para nosotros, porque entendemos que Malvinas es una causa profundamente antiimperialista y anticolonialista, como lo es Guantánamo, como lo es la independencia de Puerto Rico. De manera que, independientemente de diferencias que puedan existir con los gobiernos en la región, nuestra política exterior no ha cambiado en ningún tema. Somos profundamente latinoamericanistas, reconocemos diferencias que puedan existir, pero entendemos que es una unidad, es una región que, para salir adelante y enfrentar desafíos comunes, tiene que ser, como se decía, en las cumbres de la CELAC, con la unidad en la diversidad. Entonces, la revolución cubana también enseñó eso, que no hay que copiar todas las recetas que nos llegan desde el exterior, el ejemplo es que los pueblos, en base a la unidad, pueden lograr todo lo que se proponga. Y algo fundamental que nos enseñó José Martí, nuestro héroe nacional, ni hombres ni pueblos respetan a quien no se hace respetar.

 

 
 
 

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