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LAS OVEJAS LE TEMEN AL LOBO, PERO ES EL PASTOR QUIEN SE LAS COME

El agua que pesa

  • hace 2 días
  • 2 Min. de lectura

“Si salvamos nuestros lugares salvajes, eventualmente nos salvaremos a nosotros mismos”. Steve Irwin

Argentina es tierra de extremos. Un coatí sigue el olor de insectos para alimentarse bajo el sol abrasador de la selva misionera, mientras que, en el sur del país, en un bosque andino-patagónico, un huemul busca un curso de agua helada para beber, pero sin éxito. Sigue caminando estoico y finalmente lo encuentra y bebe hasta saciarse. Lo que no sabe es que el agua está contaminada con metales pesados que son residuos de una de las actividades más dañinas para el medioambiente causadas por el hombre: la minería.

A medida que los días transcurren, el huemul experimenta síntomas intoxicación. Es un animal salvaje difícil de ver, así que las probabilidades de recibir atención veterinaria son prácticamente nulas. El tiempo pasa, el malestar no. Cae muerto. Ahora, solo quedan en el país casi 500 ejemplares, menos uno. Así lo indica el informe técnico presentado el 25 de febrero de 2026 por Aves Argentinas, Fundación Vida Silvestre Argentina, WCS Argentina y Fundación Humedales/Wetlands.

La desgracia de ese mamífero es compartida por otras especies, que desde el momento en el que nacen conocen su rol en el ecosistema y viven para ello. En la mayoría de los casos, son ignorantes de la existencia de los humanos. Sin embargo, los frutos de su trabajo impactan beneficiosamente en ellos. Hacen el bien, sin mirar a quién.

En el cielo las aves dominan el espacio. Lo ven y juzgan todo desde arriba, pero también bajan. Aunque el macá tobiano no tiene predilección por las alturas, sí por el agua. Tanto así que elige las lagunas de las mesetas patagónicas para pasar la mayor parte de su tiempo alimentándose y reproduciéndose. Un ave que, sin agua, no tiene un propósito, pero si una condena.

Los ríos, lagunas, humedales, bosques y turberas no hablan, pero sienten y esperan. Saben que su continuidad en el tiempo está condicionada a recibir agua proveniente del deshielo de los glaciares. Un hecho que, hasta el día de hoy, estaba protegido por algo que se creía inquebrantable como una ley, promulgada en octubre de 2010, hoy en día amenazada por una serie de modificaciones que traen una oscuridad solo comparable con el abismo oceánico.

De norte a sur, aproximadamente el 56% de la fauna que vive en el territorio continental habita en zonas alimentadas por el agua de los glaciares. Así lo explica la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN). Por lo tanto, la mayoría de las especies se verá afectada por el mercurio, plomo, arsénico y otros metales pesados que contaminan el agua, la tierra y el aire en el sur como ya sucede en el norte de la provincia de San Juan con el glaciar de escombros G110, un área protegida pero explotada por el proyecto minero José María.

Al planeta le cuesta respirar. El aumento de las concentraciones de gases de efecto invernadero actúan como una mano apretada contra la boca de alguien, pero una mano sofocante que ya es causa para la desaparición de los glaciares. El resultado es inminente y las acciones destructivas intencionales que responden a capitales privados solo aceleran su llegada.

 

Por Nicolás Barros

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